Resurge la Leyenda del Yeti

18 06 2009
 Resurge la Leyenda del Yeti

Resurge la Leyenda del Yeti

El cambio climático y sus consecuencias, incluidos los deshielos, elevadas temperaturas y -con el tiempo- la posible desaparición de islas, la crisis  económica, la aparición de nefastos virus, como la influenza A (H1N1), y otras noticias desagradables, han acaparado el interés en medios de prensa.

No obstante, en los últimos días también se ha vuelto a hablar del Yeti, una criatura peluda que habita en los sitios de más difícil acceso en el mundo, allá por Nepal y el Tibet, y que desde hace siglos es un tema que los especialistas aprovechan para dejar correr la imaginación y especular si se trata de un mito o de algo real.

Por lo pronto, un equipo de investigadores japoneses, encabezado por Yoshiteru Takahashi, anunció el descubrimiento de supuestas huellas de ese ser legendario. El director del Proyecto Yeti en Japón informó que las huellas eran de unos 20 centímetros de largo y mostraban cierta semejanza con las humanas.

Takahashi y su grupo permanecieron 42 días en la cumbre Adula Girl IV, de unos 7,661 metros de altura y, aunque no presentaron muestras de la labor realizada, aseguran que las historias contadas por los pobladores de la zona les permiten tener la certeza de que el Yeti habita en los alrededores.

Lo curioso es que historias de ese antropoide salvaje han sido hechas en distintas épocas y en regiones distantes entre sí por miles de kilómetros.  Lo mismo provienen del Himalaya que de la taiga siberiana, del lejano oriente y de América del Norte, y siempre se trata de un ser esquivo y gigantesco.

Las historias se remontan a 1887, cuando un alpinista británico, el coronel S. A. Waddell, exploraba las nieves de Sikkim a 4,900 metros de altitud y tropezó con un rastro que le causó asombro.

Se trataba de huellas dejadas al parecer por un hombre de gran estatura que hubiera vagado completamente solo por parajes donde no cabía imaginar que se aventurase un ser humano, y mucho menos descalzo.

En 1906 otro explorador del Himalaya, el botánico Henry Wolwes, no solamente halló huellas de pisadas, sino que pudo observar un corpulento bípedo velludo que salió huyendo y desapareció al trasponer una cumbre.

En 1921, en una expedición que intentó escalar la cima del Everest, el teniente coronel británico C. K. Howard aseguró haber divisado a gran distancia, hacia abajo del sitio donde se hallaba, la figura de lo que parecía un hombre cubierto de espeso vello.

En esa ocasión los portadores sherpas le explicaron que lo acababa de ver era    el terrible yeti que acecha los rebaños de yakes   .

A medida que fueron más frecuentes los intentos de escalar las cumbres del Himalaya circularon nuevas versiones de estos encuentros y aunque muchos relatos tenían visos de falsedad, unos pocos procedían de personas dignas de crédito; científicos y alpinistas experimentados e incapaces de una superchería.

Diversas exploraciones se realizaron igualmente en la meseta del Parir, el Tibet, Mongolia, el desierto de Gobi, los altos valles al Norte de Katmandú, o zonas al pie del Everest, con el fin de resolver uno de los enigmas más interesantes de la antropología.

Los habitantes de los valles de las principales elevaciones del Planeta venían hablando desde hace siglos de la existencia del yeti, o del meti, shookpa, mi-go, kang-mi, nombres que recibían según las diferentes regiones.

A la misteriosa criatura la denominan    chuchunaa    en Yakutia y parece habitar en los macizos montañosos.  La descripción física de los que aseguran haberla visto es análoga a otras: alto y robusto, de brazos largos y abundante pelo, que le cubre el cuerpo.

Cue ntos y leyendas de los esquimales también mencionan a corpulentas figuras    vestidos con piel de morsa   .  En una región apartada del norte de California se habla del    saskwatch   , a quien los indios designan como un gigante de los bosques y también se le conoce como    pies grandes    (big foot) por el tamaño de las huellas descubiertas.

Sin embargo, no escasean los científicos que aseguran que    el hombre de las nieves    no es de las nieves ni es hombre en el sentido literal de la palabra, pues dicen que se trata de un homínido antiguo.  Algunos lo sitúan más cerca del pitecantropo; otros lo identifican como un neandertal que perdió varios rasgos y hábitos.

Otras opiniones de científicos señalan que tanto las huellas como el mismo yeti que aseguran haber visto algunas personas, no son más que alucinaciones debidas al enrarecimiento del aire de las grandes alturas.  En busca de una explicación coherente mencionan que había sido confundido con el oso bermejo del Himalaya o el mono langur

No obstante, en ocasiones se han hallado excrementos de las supuestas criaturas en los que había residuos vegetales, así como huesos y pelos de ratones y liebres, lo cual demuestra que se alimenta como el hombre.

En la región china de Heilionjiang también hay personas que aseguran haber visto una criatura salvaje con rasgos humanoides, y en la pasada década de los 90 a un funcionario con iniciativa se le ocurrió crear una zona dedicada a buscar un yeti, como una buena atracción para el turismo.  Nadie ha reconocido haber observado algo anormal, pero al menos han disfrutado de la belleza natural del área.

Hasta la isla de Sumatra, en Indonesia, llegaron exploradores británicos hace cinco años en busca del yeti, y no se fueron con las manos vacías, porque el menos hallaron dos pelos de un animal desconocido.

Según el folklore de la isla, los lugareños se refieren a la criatura como el    orang pendec    o    pequeño hombre de los bosques   , de apenas metro y medio de estatura, considerado algo así como un eslabón perdido entre el hombre y los primates.

En América del Norte las primeras evidencias del    big foot    se remontan a 1830, aunque el interés de los científicos creció en la segunda mitad del siglo XX.

No solo huellas de sus pies, sino hasta fotos ocasionales se han conseguido, pero no son pocos los estudiosos que aseguran se trata de puras falsificaciones. Los especialistas tienen el criterio que lo más importante no es la cantidad de las evidencias, sino la calidad de las mismas.

Anécdotas vividas por personas comunes no son confiables    dicen- pues la gente generalmente es poco observadora y puede confundir con facilidad la figura de un animal que le sea desconocido y que se encuentre a alguna distancia, semioculto entre los matorrales.

Las huellas tampoco son consistentes, y muestran un perceptible rango de variación, pues hay quienes aseguran que tienen seis dedos, otros cinco, y no escasean los que mencionan solo dos.

Quizás el mayor problema del argumento de la existencia de tal criatura es que no se han hallado huesos ni restos de huesos de algo que supuestamente tiene un peso superior a los 300 kilogramos.

Expertos estadounidenses señalan que en cuanto al    big foot   , es curioso que esta criatura se ha especializado en eludir la captura en más de un centenar de años.

Con cierta ironía exponen que    pies grandes    ha sido capaz de atravesar autopistas sin morir atropellado por vehículos a gran velocidad; cazadores con gran puntería, capaces de hacer blanco en venados y conejos, jamás los han visto en la floresta.  Y cuando mueren por causas naturales, ni siquiera por equivocación sus restos son descubiertos.

Pero con todo, ficción o realidad, no hay dudas de que se trata de un tópico fascinante, y quizás constituya un ejemplo más de la capacidad de adaptación al medio de una criatura no humana.

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