Terremotos, olas gigantes, frío intenso: ¿qué está pasando en el planeta?

6 03 2010
Medio centenar de barcos quedan atrapados en el hielo del Báltico. Lo más sorprendente no es el hecho en sí, sino la cifra.

Medio centenar de barcos quedan atrapados en el hielo del Báltico. Lo más sorprendente no es el hecho en sí, sino la cifra.

En solo unas semanas, medio centenar de barcos han quedado atrapados en el hielo del Mar Báltico, una ola gigante ha acabado con la vida de dos personas en un crucero y un fuerte seísmo ha sacudido Chile, haciendo recordar el terremoto que había asolado Haití tan sólo un par de meses antes. La naturaleza ha mostrado su lado más virulento, pero… ¿cuál es la explicación de todos estos fenómenos? Medio centenar barcos atrapados

Medio centenar de barcos quedan atrapados en el hielo del Báltico. Lo más sorprendente no es el hecho en sí, sino la cifra. El Báltico se hiela, es un hecho, pero los barcos que navegan este mar “están reforzados contra hielos”, según confirma el decano del Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos (COIN), Manuel Moreu Munaiz.

El problema es que la ola de frío ha sido especialmente intensa y “posiblemente más súbita”, lo que ha provocado que los barcos se queden atrapados y que algunos rompehielos hayan tenido problemas para acceder a la zona.

Lo habitual, si los barcos están navegando, es que rompan el hielo. El problema es que si se quedan atrapados no tienen posibilidad de moverlo, porque no tienen empuje. No es extraño que un barco se quede atrapado en el Báltico; lo verdaderamente excepcional es la cifra, debida a las condiciones anómalas.

Los rompehielos tienen “unas hélices diseñadas especialmente para ello y proas que se suben al hielo y lo rompen por peso, con una especie de machetazo”, explica Moreu.

Una ola gigante contra un crucero

Dos personas mueren al embestir una ola gigante contra un crucero en Barcelona. La tragedia se debió a un fenómeno poco habitual, pero no extraordinario. Una tormenta como la que produjo la ola se da, aproximadamente, una vez al año, según confirma Enrique Álvarez, Jefe de Área de Medio Físico de Puertos del Estado.

“El oleaje no es todo de la misma altura, hay una media y luego encontramos olas por debajo y por encima de esta media”, explica Álvarez.

El quid de la cuestión está en la “altura significante” de las olas, que responde a la media del tercio de olas más altas. Es algo superior a la altura media, pero coincide, más o menos, con lo que diríamos que miden las olas a simple vista.

A lo largo del día hay muchas olas superiores a la media, pero sólo una vez al día se dan olas que sean dos veces más grandes que la “altura significante”. En el momento del accidente había 5,4 metros de ola significante, con lo que, si bien una ola de diez metros sería excepcional, sí podría haber varias que superaran los ocho metros, por ejemplo.

El hecho de que no se esperen (dado que no son demasiado habituales) y que estén rodeadas de otras de menor tamaño “es lo que las hace peligrosas”, según explica Marta de Alfonso, del Área de Conocimiento de Medio Físico de Puertos del Estado, en un reportaje en el que explica la naturaleza de este fenómeno. Basta un ejemplo para entender cómo se crean estas olas: si en una carrera en la que participan centenares de personas alguien se tropieza y choca contra un coche no pasaría nada. Si en lugar de tropezarse una se tropezaran cien a la vez y cayeran contra el vehículo, lo destrozarían.

“No podemos hacer un barco 100% seguro”, lamenta Manuel Moreu, “hay cosas que son de fatalidad y por muy bien que se diseñen los barcos siempre hay alguna posibilidad de que ocurra algo no previsto”.

El decano del COIN señala los múltiples factores que provocaron la catástrofe: “En las cubiertas de arriba el nivel de carga es inferior y no se calculaba que la ola golpeara tan arriba, sí espuma o chapoteo, pero no una ola. También fue una fatalidad que hubiera gente y que la ola golpeara en un costado, ya que en ese tipo de niveles es más típico las averías en el frente de las superestructuras”.

Tres fuertes seísmos en dos meses

La noche del martes 12 de enero, un terremoto de 7 grados sacudía Haití. Poco más de un mes después, a finales de febrero, otro sismo, éste de 8,8 grados, hacía temblar Chile. Y en la noche del jueves 4 de marzo, un temblor de 6,4 grados afectaba a Taiwán. Pese a ello, no existe ninguna relación causa-efecto entre los tres fenómenos.

“Están lo suficientemente lejos como para que no tengan nada que ver”, explica José Manuel Martínez Solares, sismólogo del Instituto Geográfico Nacional.

Terremotos de la magnitud del de Chile (superior a los ochos grados) sólo se dan una vez al año. El problema es que esta vez ha sido en un lugar poblado, de ahí su problemática. Como el de Haití (entre siete y ocho grados), se producen de quince a diecisiete temblores anualmente. El de Taiwan (entre seis y siete grados), se repite unas 130 veces en un mismo año, puntualiza Martínez Solares.

Según el sismólogo “no es nada extraño que coincidan los tres en zonas muy distintas”, mientras insiste en que su incidencia en un período de tiempo tan corto es sólo fruto de la casualidad.

“Pueden ser de la misma placa del Pacífico (Chile y Taiwan), pero la placa es tan grande que este hecho no es suficiente como para que un terremoto en un lado provoque un temblor en el otro”, concluye.

Publicado por 20 minutos (España)

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